En uno de los laboratorios de la Universidad Autónoma de Madrid, trabaja cada día la profesora e investigadora Tania García Mendiola, del departamento de Química Analítica y Análisis Instrumental. Vecina de San Sebastián de los Reyes, combina investigación, docencia y divulgación con una idea clara de para qué sirve la ciencia.
En el contexto del 8M, su trayectoria refleja cómo ha cambiado la presencia femenina en la ciencia, aunque todavía quedan retos importantes por resolver.
Vocación científica desde adolescente
Su historia empieza en el instituto, cuando una profesora despertó su interés por la química. A partir de ahí, su carrera se desarrolló dentro de la universidad, primero como estudiante, después como doctoranda y hoy como profesora titular e investigadora.
Para ella, “enseñar y generar conocimiento van de la mano. La universidad es el lugar prefecto para hacer ambas cosas a la vez”, algo que define su perfil profesional.
Investigación multidisciplinar para un diagnóstico precoz
Actualmente lidera un proyecto centrado en el desarrollo de biosensores capaces de detectar biomarcadores que ayuden a una detección temprana del Trastorno del Espectro Autista.
La idea es sencilla de explicar. Dispositivos similares a los medidores de glucosa que usan las personas diabéticas, pero capaces de detectar señales biológicas mucho más complejas y en concentraciones extremadamente pequeñas.
El objetivo es permitir un diagnóstico precoz. “Detectar antes significa poder intervenir antes y mejorar la calidad de vida de los pacientes”.
El proyecto se desarrolla con un enfoque multidisciplinar. En él participan investigadores del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), que aportan nanomateriales, y neuropediatras del Hospital Ramón y Cajal, que facilitan muestras clínicas.
“La idea es que, tras la fase de investigación, llegue inversión que permita trasladar estos dispositivos a hospitales y que se puedan usar en recién nacidos”.

Mujer y ciencia: avances y retos reales
La presencia femenina en las carreras científicas ha crecido mucho en los últimos años. “En titulaciones como la mía la presencia está bastante equilibrada e incluso con más mujeres en algunos cursos. Otras como Informática, sí que siguen teniendo más hombres”, comenta.
Aun así, en la carrera investigadora aparece lo que se conoce como ‘efecto tijera’. Muchas mujeres comienzan en ciencia, pero solo un pequeño porcentaje llega a puestos de responsabilidad. Ella, como profesora, lo ve en el día a día. “Sí, hay más chicas, químicas es una carrera que, cuando yo estudié éramos 50-50 y ahora creo que hay más mujeres, nos vamos a comer el mundo”, comenta entre risas, “pero es verdad que hay muchos más hombres que mujeres directores departamento”.
Sin embargo, el proyecto de Tania nos da un halo de esperanza, ya que está liderado y compuesto mayoritariamente por mujeres.
También existe el impacto de la maternidad en la carrera científica. Durante años, las bajas maternales más largas afectaban al ritmo de publicaciones y proyectos. “Cuando tú estás investigando, y tienes que conseguir financiación, hay que publicar artículos y cuando tú estás de baja maternal, nada para. El mundo sigue”.
La equiparación de permisos parentales ha supuesto un cambio importante. “Ahora se ha equilibrado, yo creo que eso ha sido súper importante y determinante para que los currículums de hombres y mujeres se igualen, sobre todo en el campo de la investigación”.
Aun así, la conciliación sigue siendo un reto en un sector donde la investigación no se detiene y la presión por publicar y conseguir financiación es constante.
Más allá del género, Mendiola señala un problema estructural. Conseguir financiación es cada vez más complicado. Mantener proyectos en el tiempo requiere inversión continua y visión a largo plazo.
La investigación en diagnóstico precoz, explica, supone ahorro sanitario futuro y mejora la calidad de vida de los pacientes, “nosotros hicimos otro proyecto parecido, pero para el cáncer de mama y es que el diagnóstico precoz ahorra millones a los hospitales públicos de tratamientos, pero los resultados tardan en verse”, destaca.
Referentes para las nuevas generaciones
Además del trabajo en laboratorio, participa en actividades de divulgación, como la noche de los investigadores o el colegio de sus hijos. “Vamos todas las mamás científicas y hacemos talleres a los peques que les encanta y bueno, mostramos que hay mujeres que somos científicas, somos modelos, imagino para las niñas del colegio y para los niños también. Así los niños tienen modelos tanto femeninos como masculinos”.
Su motivación es clara. Ver que lo que se investiga termina ayudando a las personas, “ojalá lo que haga aquí revierta en algo en la sociedad, y no me quiero llevar un duro de eso, con el hecho de que sirva para ayudar, ya me vale”. Ese impacto social es su verdadero objetivo.
La Plaza de Sanse